Santo Padre:
Desde Educación y Familias, en representación de los miles de padres y madres que día a día se entregan a la bella y desafiante tarea de educar, le damos nuestra más cálida bienvenida a nuestra comunidad. Su presencia entre nosotros es una luz de esperanza y un fuerte impulso para seguir adelante en nuestra misión educativa.
Como nos pide, las familias de Madrid alzamos la mirada. En una sociedad a menudo ensimismada y marcada por la inmediatez, su llamada a levantar los ojos hacia el cielo y hacia el prójimo resuena con una fuerza transformadora en nuestros hogares. Nos invita, como educadores, a enseñar a nuestros niños y adolescentes a mirar la vida con trascendencia, generosidad y esperanza.
La comunidad a la que pertenecemos, familias y docentes de colegios católicos de Madrid, contemplamos con profunda gratitud su guía pastoral. En un mundo en constante cambio, el Evangelio sigue siendo la roca firme y la brújula inquebrantable sobre la cual deseamos edificar el futuro de nuestros hijos. Entendemos la educación no solo como la transmisión de conocimientos académicos, sino como la formación integral del ser humano: el cultivo del alma, el despertar de la conciencia, el arraigo de las virtudes y el aprendizaje del amor al prójimo.
Como familias cristianas, recordamos en estos días con especial fuerza el mandato de nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de San Mateo:
«Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes […] enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.» — Mateo 28, 19-20
Este mandato universal de «Id y enseñad» nace en el seno de la Iglesia, pero resuena con una fuerza única en el corazón de cada hogar católico. La doctrina de la Iglesia nos recuerda constantemente que la familia es la «Iglesia doméstica» y la primera escuela de vida. Es en nuestras casas donde los niños y adolescentes reciben la primera e imprescindible «enseñanza»: descubrirse amados por Dios para, después, salir al mundo a testimoniar ese amor.
Santo Padre, los desafíos actuales para guiar a nuestros adolescentes son complejos, pero su magisterio nos alienta a no tener miedo. Nos unimos a su llamado de tejer una gran alianza educativa donde la familia sea respetada y apoyada como el pilar fundamental que es.
Le pedimos que rece por las familias madrileñas, por nuestros educadores y, de manera muy especial, por la pureza, la alegría y la fe de nuestros niños y jóvenes, para que nunca dejen de alzar la mirada hacia las cosas grandes para las que han sido creados. Nos encomendamos a sus oraciones y le solicitamos humildemente su Bendición Apostólica.
Bienvenido a Madrid, Su Santidad.